Cuatro años

10 Api

Por José Maria Rivadeneyra, * Concejal de Medio Ambiente del Ayuntamiento de Usurbil

Ese es el tiempo que llevamos en Usurbil recogiendo los residuos puerta a puerta. El ayuntamiento ha hecho balance económico de estos cuatro años, y el resultado es contundente: aunque solo fuera por la cuestión económica, el puerta a puerta es un acierto. Solo en el año 2012, ha supuesto a los usurbildarras un ahorro de 149.535 euros. Si extrapolamos esos resultados a toda Gipuzkoa, las arcas públicas del territorio histórico se habrían ahorrado en 2012 la friolera de 17,5 millones de euros si en toda Gipuzkoa se hubieran recogido los residuos puerta a puerta. Y eso sin hablar de la cuestión medioambiental, de la salud pública o de la creación de empleo. A quienes conocen el mundo de los residuos, estos resultados no les sorprenden en absoluto, pues no son más que la constatación práctica de lo que la Unión Europea defiende: los residuos no son basura, son un recurso económico que hay que aprovechar, y, para ello, el mejor camino es recogerlos por separado e implantar políticas con el objetivo basura cero. En ello llevamos cuatro años en Usurbil. Los resultados están a la vista de todos. En Usurbil, como en otros pueblos, hemos demostrado dos cosas en estos cuatro años: que la incineradora no es necesaria, y que su alternativa es económicamente muy atractiva.

Han sido cuatro años difíciles, en los que la ilusión y la fuerza de un pueblo en defensa de su futuro han demostrado que se puede derrotar a la alianza de intereses entre elites políticas y económicas. Hasta las elecciones de 2011 hemos tenido que luchar contra el boicot de las instituciones guipuzcoanas. Esas elites responsables de construir plantas de compostaje, pero que no las construyeron, nos impidieron crear una en Usurbil para poder tratar el orgánico que empezábamos a recoger. Y tiraron nuestro orgánico a vertedero. Esos mismos que ignoraron las 35.000 firmas pidiendo un debate en el parlamento de Gasteiz sobre residuos, los mismos que negaron a Gipuzkoa un referéndum para decidir si quería o no una incineradora, los mismos que nos quisieron imponer esa incineradora, nos emplazaron a votar en Usurbil cómo queríamos recoger los residuos. Lo hicimos, y decidimos que queríamos recoger puerta a puerta. Y son los mismos que una semana antes de las elecciones de 2011, en las que la posibilidad de que perdieran el control de las instituciones guipuzcoanas estaba sobre la mesa, para blindar su proyecto de incineración firmaron unos contratos infames, leoninos, que dejaban Gipuzkoa intervenida por la banca. Contrataron productos especulativos (swaps), que ya estaban siendo condenados en los tribunales por haber sido usados por la banca para secuestrar económicamente a las pequeñas empresas. Ellos secuestraron Gipuzkoa entera, y todavía estamos pagando los 300.000 euros mensuales del rescate de ese secuestro. Esas mismas elites, inflaron datos técnicos sobre la incineradora, e hicieron una licitación de obras plagada de irregularidades, para acabar contratando a quienes, según parece, tenían que contratar. Han destruido parte de nuestros montes, parte de nuestro país, parte de nuestro pueblo. Pero los hemos parado a tiempo. Han sido cuatro años difíciles, sí, pero han merecido la pena.

En estos años se nos ha mostrado el absurdo de la política de partidos con toda su crudeza. Hemos visto como el PSE abomina ahora de lo mismo que defendía hace siete años, cuando la incineradora era usada por el PNV como arma política para desgaste del ayuntamiento de Donostia presidido por Odón Elorza, con Denis Itxaso como responsable de Medio Ambiente. Esas mismas gargantas, que clamaban entonces contra la incineradora y defendían una alternativa basada en una recogida selectiva eficiente, gritan ahora que la incineradora es inevitable y que el sistema de recogida no tiene nada que ver con todo esto. Las mismas siglas que en Madrid, Cataluña o Bruselas abogan por la recogida selectiva puerta a puerta, critican eso mismo nada más cruzar el Ebro o el Aturri. El mismo PNV que se enroca en la defensa de una incineradora en Gipuzkoa indefendible desde cualquier punto de vista, es el que llama en Navarra a manifestarse contra la incineración de residuos en la Sakana, y el mismo que no duda en azuzar el enfrentamiento y la tensión en Gipuzkoa con tal de desgastar a Bildu, con tal de arañar votos que le permitan volver cuanto antes al control de las instituciones guipuzcoanas. Son actitudes partidistas incomprensibles desde la defensa del interés público, actitudes que solo pueden entenderse en el marco de los “otros tiempos” con que Yolanda Barcina justifica el expolio de lo público por la elite político-económica. solo la imagen de políticos, banqueros y constructores comiendo angulas pagadas por el erario público sirve para explicar el empeño incinerador cuando la salud y la economía (la de todos, no la de algunos) nos muestran que no tiene sentido quemar residuos. Cuando el caso Gürtel-Bárcenas está dejando a la vista de todos las vergüenzas de la financiación de partidos por medio de constructores, ¿tenemos algún elemento para pensar que en Euskadi las cosas son diferentes?

Han sido cuatro años de construir soluciones desde el pueblo y para el pueblo, frente a los intereses de partidos, banqueros y constructores. Ojalá dentro de cuatro años podamos escribir sobre una Gipuzkoa vanguardista en gestión de residuos, pero entonces sí, con el apoyo de todos.

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